En las instalaciones del Sunshine Tour se alza una nueva obra que combina fuerza, elegancia y expresión artística. Se trata de «Fighter», una escultura de bronce de 1,20 metros de altura, concebida como un homenaje al caballo Tornado VS, uno de los ejemplares más destacados del panorama nacional.
La pieza ha sido realizada por Carlota Sarvisé con una trayectoria cada vez más reconocida. Lejos de buscar una representación fotográfica del animal, su propuesta artística parte de la esencia de Tornado: su presencia, su mirada, su temperamento. El resultado es una figura que se sostiene con ligereza, abierta en sus formas, donde el movimiento se sugiere más que se define, respetando un estilo minimalista que ha marcado la obra de la artista.
Este proyecto surgió tras una historia que comenzó años atrás, cuando la escultora fue invitada a exponer en un concurso hípico en Alcalá de Henares. Allí conoció a Armando y Teresa Trapote, quienes adquirieron una de sus primeras piezas. La relación artística continuó y, en 2024, Armando se puso en contacto con ella con una nueva idea: inmortalizar a Tornado en una escultura de gran formato.
Antes de empezar, la artista quiso conocer en persona al caballo. Durante una visita breve pero intensa, estudió su físico, sus gestos y su actitud. “Tiene una mirada firme, es inquieto pero noble. Me impresionó su tamaño y la fuerza que transmite incluso en reposo”, explicó en una entrevista en Chacco Marketing. A partir de esa observación directa, junto con vídeos y material gráfico del caballo en pista, fue desarrollando un diseño que transmitiera no solo la imagen, sino la personalidad alerta y poderosa del animal.
La escultura presenta a Tornado en un gesto cotidiano, bebiendo agua, pero con una oreja hacia delante y otra hacia atrás, como si aún en calma permaneciera atento a todo lo que ocurre a su alrededor. Una forma de reflejar la dualidad que caracteriza a los grandes caballos de competición: relajados pero siempre listos.
Este ha sido el primer trabajo en bronce a gran escala para la escultora, un proceso largo y técnico que, en sus palabras, le ha permitido “descubrir otra dimensión del volumen y del carácter escultórico del caballo”.
La autora también quiso mostrar su gratitud a Salvador Fernández Oliva, escultor que le abrió las puertas de su estudio años atrás y la introdujo en el proceso de trabajo con bronce, marcando un punto de inflexión en su carrera artística.
Desde la Federación Hípica Aragonesa, valoramos profundamente este tipo de iniciativas que unen el arte con la pasión por los caballos, y que dan lugar a creaciones que trascienden la pista para convertirse en legado cultural y emocional de nuestro deporte.