Costó llegar hasta aquí. Mucho. Los Campeonatos de España de Raid de este final de año se hicieron esperar, y cuando algo se hace esperar, se vive con más intensidad.
La organización había trabajado durante meses, pero la incertidumbre fue una constante hasta el último momento. A finales de octubre, apenas 48 horas antes de la fecha prevista, la suspensión de las concentraciones ganaderas obligó a paralizarlo todo: deshacer lo ya preparado, cancelar alojamientos, anular actividades… y esperar. Una espera larga, densa, casi interminable, hasta saber si sería posible retomarlo antes de que acabara el año.
Cuando por fin se pudo retomar a principios de diciembre, tampoco fue sencillo. Encajar calendarios nacionales e internacionales, festividades y nuevos permisos parecía casi imposible. Sin embargo, el esfuerzo, la ilusión y las ganas acabaron dando su fruto. Y mereció la pena.
Ni la lluvia ni el frío deslucieron el campeonato. Novallas acogió el evento con mimo y detalle, cuidando cada aspecto para que los participantes se sintieran en casa: instalaciones preparadas, zonas de recuperación bien atendidas, pequeños gestos —un café caliente, zonas de recuperación siempre a punto, espacios cómodos— que marcan la diferencia cuando se quiere acoger bien.
El pabellón municipal se convirtió en un punto de encuentro y convivencia. La recepción de equipos y la merienda compartida fueron uno de los momentos más entrañables del fin de semana: cada comunidad autónoma aportó sus sabores, su identidad y su manera de entender el raid. Porque este deporte no es solo competir; también es convivir.
Y sí, hubo barro. Mucho. Pero no por ello dejamos de disfrutar. Este deporte está por encima de eso. Como la vida misma: hay que vivirla, prepararla y cuidarla con cariño, sabiendo que llegarán imprevistos y dificultades, pero sin permitir que roben la alegría de hacer lo que se ama.
Porque, al final, lo que queda no es la lluvia ni el frío, sino las personas, los abrazos, las miradas cómplices y la certeza de haber compartido algo auténtico. Y eso —como este campeonato— ya nadie lo quita.
En lo deportivo, Cataluña fue el equipo más fuerte del campeonato, demostrando un gran nivel. Pero Aragón estuvo muy cerca. Competir en casa tiene algo especial: el apoyo del público, las caras conocidas animando en cada punto del recorrido, ese empuje invisible que también anima.
El equipo aragonés del Campeonato de España Interautonomías, formado en un 80 % por jinetes de Campo Alegre, firmó un fin de semana brillante, con presencia en los podios y puestos de honor en todas las categorías.
En el Interautonomías, Aragón logró la medalla de plata en 80 km, el bronce en 40 km, el cuarto puesto en 60 km y la plata en la clasificación combinada, demostrando regularidad y solidez en todas las distancias.
En el Campeonato de Aragón, los jinetes de Campo Alegre coparon gran parte de los podios en 80, 60 y 40 km, reflejo de una cantera trabajada con paciencia y de un proyecto que apuesta por la formación a largo plazo.
Y en la final del ciclo AECCA, llegaron también nuevas medallas, confirmando el buen momento deportivo del equipo y la constancia del trabajo diario.
Pero más allá de los resultados, lo que queda es la sensación de haber compartido algo auténtico. Personas, abrazos, miradas cómplices y una pasión común que une incluso bajo la lluvia.
Fotografía: Sonia Fotografías